Los hábitos de consumo están mudando en Galicia. El motor de la economía capitalista ha disminuido sus caballos no solo por la bajada de ingresos que han experimentado muchos hogares en una comunidad con un porcentaje de paro del 17,6 %, sino también porque aquellos que continúan teniendo liquidez temen que en medio de esta tormenta económica los alcance un rayo que queme sus fuentes de ingresos. Y junto a ese escenario, el alza de precios de algunos productos, sobre todo los del sector energético, también ha ayudado a promover ese incipiente cambio sociológico.
Un estudio realizado por la consultora Nielsen para España sobre cómo influye el consumo privado en la economía muestra cómo las marcas blancas han subido con respecto a las épocas en las que la bonanza económica reinaba en Galicia.
Cómo ahorrar
Optar por la marca blanca para ahorrar en alimentación no es la única medida que están adoptando los gallegos. En el concello de Culleredo, en el área metropolitana de A Coruña, incluso han impartido un curso dedicado a dar a conocer medidas para ahorrar energía. De ahí que, por ejemplo, bajar las persianas para que no escape el calor, cerrar el grifo mientras se lavan los platos, utilizar autobús o tren en lugar del coche o viajar en un mismo vehículo con varios compañeros de trabajo se suman ahora a otras medidas como organizar reuniones en el hogar en lugar de salir a comer fuera todos los fines de semana. Uno de los factores que más ha influido en el cambio de hábitos de consumo es el alza de tarifas de las gasolinas y gasóleos, que ya han alcanzado, respectivamente, los 1,49 y los 1,40 euros por litro. Igual ocurre con el incremento de la tarifa eléctrica o la del agua.
El experto en economía aplicada y economía de la energía de la Universidade de Vigo Miguel Rodríguez recuerda que el incremento de tarifas en los combustibles afecta mucho a la comunidad gallega por la peculiar distribución de la población, mucho más dispersa que en otras zonas como Castilla y León. De ahí que los gallegos sean esclavos del coche. «É a peaxe que temos que pagar», explica. Además recuerda que en «dous ou tres anos os prezos dos combustibles para o transporte subiron un 30% e o mesmo aconteceu co prezo do gasóleo para calefacción, para a agricultura e para a pesca». La energía eléctrica también se incrementó en un índice semejante, «o que agravou as cousas», añade.
Además hace unos cálculos. Tras esas subidas, un hogar ubicado en un entorno urbano que recorra una media de 30 kilómetros diarios (poco consumo) ha visto incrementados sus gastos en unos 20 euros mensuales, lo que implica un incremento del 1,5 % en los gastos totales. Ese porcentaje de gasto se eleva hasta un 3,4 % del conjunto del gasto para los que rueden unos 20.000 kilómetros anuales.
La dependencia del coche en Galicia no es solo un fenómeno que afecte a núcleos de la zona rural, o a Lugo y Ourense, donde el transporte público es menos fluido y carece de las frecuencias de los trenes y buses que recorren el eje atlántico.
«Hai quen está por exemplo no Morrazo e vai traballar aos estaleiros vigueses e os que están en Vigo e van ás empresas que hai no polígono industrial do Porriño», apunta también este experto.
Fuente la Voz de Galicia